Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana… Los jedis tratan de establecer el “equilibrio de la Fuerza” en una encarnizada lucha contra los malvados siths. Revisando este verano la última entrega de “La Guerra de las Galaxias” con mis hijos, pareciera que los jedis quedan muy lejos de estas latitudes.
Sin embargo podemos extrapolar esa historia galáctica de George Lucas a nuestro diario vivir.
Estamos rodeados de oscuros siths por doquier y de algunos caballeros jedis que tratan de establecer el equilibrio en la fuerza.
Porque hay personas que viven en el Lado Oscuro, en la queja constante, amargadas, frustradas, siempre blandiendo como frase estrella un lapidario “Pero es que…”.

 Y otras personas que, como los jedis, tratan de salir por encima de la dominante queja socializada y la victimización colectiva para afrontar los problemas de manera positiva, actuando lo mejor que saben y pueden, siempre con el “¿Y si sí…?” en sus cabezas.

 
La queja está tan generalizada hoy día que es una grave epidemia muy contagiosa. De ahí que los jedis que aún resisten deban soportar sobre su espada láser el choque y el peso de toda esa negatividad y desesperanza. Porque ver a estos jedis cotidianos en acción, héroes anónimos entregados con pasión a su trabajo o proyectos, mantiene la esperanza, el creer que se puede, la ilusión de emprender y atreverse, la alegría de conseguir y la fuerza de volver a levantarse en la derrota.
Porque todo jedi sabe que no siempre se gana. Y hay que saber perder para aprender de los errores.

La verdadera derrota es no intentarlo.

Escribo esto y me viene el ámbito educativo, que es el mío. Pero es extrapolable a cualquier otro, como el de la empresa o el medio ambiente.
Sé que la queja suele tener un fundamento real, los problemas y las razones son reales y hasta uno las puede compartir.
La cuestión no es dejar de ver los problemas o los obstáculos, el problema es acomodarse en la queja como una manera de vivir y ser, como si ahí dentro, convertidos en víctimas, se fueran a arreglar los problemas.
 
Ante un problema podemos actuar como si fuera un “castigo divino” o como si fuera un reto (en este caso afrontarlo nos hace más competentes, mejores).
La vida está llena de inconvenientes y problemas. Podemos seguir amargándonos por cada uno de los que llegan a nuestra vida “para importunarnos” o podemos asumir que nos construimos a partir de ellos, que la vida es como una gimnasia que nos hace más fuertes y desarrolla nuestras capacidades.
No espero tener una vida perfecta,
espero tener una vida madura.
La madurez se caracteriza por “hacerse cargo” desde la experiencia y la responsabilidad.
Madurar es dejar de proyectar en los demás las culpas de mis circunstancias o seguir creyendo en la suerte.
Como dice Álex Rovira “No creo en la suerte, creo en la Buena Suerte”, esa que nace de haber sembrado primero, con trabajo y perseverancia, circunstancias favorables.
La madurez nos aporta plenitud y felicidad.
La felicidad no viene sola, como una planta necesita ser regada y cuidada con dedicación para que dé frutos. 
Como todos los aspectos importantes de nuestra vida si no los regamos se secan.
Ahora, querida y querido docente, que dentro de poco arranca un nuevo curso, y que volvemos a las aulas con tantos problemas que solucionar y tantos retos que alcanzar, ¿de qué lado vas a estar? ¿De los que quieren pero no pueden? ¿o del lado de los que lo intentan con todas sus fuerzas y tratan de disfrutar el camino dando lo mejor de sí?
Si amas lo que haces y tratas de disfrutar en el aula, si lo sigues intentando una y otra vez y aprendes de tus fracasos, si tratas de mejorar sin rigideces ni perfeccionismos, es que eres un Jedi;
un docente Jedi.

“Que la Fuerza te acompañe”.

 

Por cierto, que los dibujos son de Derek Klaufman (http://www.dereklaufman.com).
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