“¿Cómo inspirarnos e inspirar más allá de nuestras expectativas?”

Es una frase que dice Morgan Freeman metido en el personaje de Nelson Mandela en la película “Invictus” de Clint Eastwood.

En la última sesión de mi formación en Metodologías Activas (marzo de 2019) había compañeros participantes que manifestaban salir de la sesión formativa muy motivados y que llegaban desmotivados a la siguiente sesión.

MANTENER LA ILUSIÓN

¿Cómo mantener esa llama de la ilusión, la motivación, las altas expectativas en un ambiente que es hostil para todo ello?

Me refiero a que existe una cultura de la desmotivación, la mediocridad, el cansancio, la falta de iniciativas, de creatividad…

A veces el ambiente más hostil es el interno, el que hay dentro de nosotros por creencias limitantes, antivalores, actitudes defensivas, etc.

Recuerdo que hace unos años tuvimos una formación en ABP estupenda, con un gran ponente, que sabía mucho, que la usaba y había participado en muy buenos proyectos nacionales, con muchos contenidos y conocimientos; vamos un gran experto. Sin embargo ninguno de los que participamos terminó aplicando el ABP en  el aula, salvo aquellos que ya lo hacíamos.

¿Qué faltó?: ACTIVACIÓN

Había conocimiento, pero faltó “activación”.

Conocimiento no equivale a sabiduría. La diferencia es que la sabiduría es conocimiento puesto en práctica, es competencial. Si no hay acción no tenemos aprendizaje real.

Cuando hablamos de que salimos muy inspirados de una sesión del curso y que luego nos topamos con la realidad de nuestros centros y volvemos a deprimirnos, ¿qué nos pasa?

¿Cómo mantenernos inspirados por encima de las bajas expectativas propias o de los demás?

¿Cómo mantenernos inspirados para inspirar a los demás, a nuestros alumnos?

¿Cómo vivir con altas expectativas? Sobre todo porque son las altas expectativas las que nos permiten conseguir esos objetivos que merecen la pena, abordar procesos de transformación personal y colectivos y nos aportan felicidad.

A veces mantener el tipo y nuestros valores en el constante encuentro con personas, familias, alumnos y compañeros puede ser extenuante corriendo el riesgo de perturbarnos o actuar descentrados, fuera de nuestra esencia. Entonces podemos retirarnos un poco, un espacio de tiempo (unas horas, unos días), recomponernos, fortalecernos de nuevo y volver a esos encuentros desde la propia coherencia e integridad alcanzada para aportar a los demás desde lo mejor que somos.

ACTUAR DESDE MIS VALORES

Lo importante no es saber mucho, sino aplicar de verdad lo poco que se sabe.

Podemos saber mucho de metodologías activas y nunca atrevernos a salir de nuestra zona de confort para aplicarlas (por miedo, desencanto, tristeza, estrés, etc.).

La cuestión es ser capaces de auto inspirarnos, de mantener la inspiración.

Si te estás ahogando intentas nadar lo poco que sabes con todo tu cuerpo para mantenerte a flote. Hay una necesidad vital y prioritaria de sobrevivir.

Ahora bien, ¿innovar es una necesidad personal?

Es probable que estemos atenazados por nuestro malestar, y que éste sea producto de muchas cosas. Pero dentro de él no sucede nada bueno ni nada nuevo.

Hemos de buscar la inspiración en lo que de verdad nos importa.

¿Qué es aquello que de verdad te inspira como docente, te importa y defiendes?

Si mi valor es aportar lo mejor a mis alumnos y disfrutar en el aula debo sacudirme mi malestar.

El malestar se sacude con acción positiva, inspirada, empuje, coraje y empeño, mucho empeño a cada instante, en cada día.

Busquemos vivencias que nos aporten altas emociones positivas: fomentemos el compañerismo en el trabajo, la amistad, el cariño en la familia y con nuestras parejas…

Cuando estemos de bajón recordemos instantes inspiradores, emocionalmente positivos. Hay que mantener esa vibración emocional de altas expectativas constantemente.

Y para ello es fundamental tener un para qué, amar un propósito, abrazar una misión y estar inspirados por una visión. (Enlace)

REFLEXIÓN

Coge un boli y un cuaderno, te propongo una reflexión sobre tu profesión docente…

Buenas preguntas que hacerse:

¿Para qué te levantas cada día y vas a tu centro?

¿Para qué todo lo que haces en tu aula?

¿Por qué lo haces?

¿Cuáles son tus valores?

¿Cuál es tu misión más allá del sueldo que cobras?

¿Qué servicio estás prestando a tu comunidad educativa?

Imagina que eres el mejor docente que puedes ser:

¿Cómo son tus clases?

¿ Qué haces inspiradamente?

¿Cómo eres en el aula?

¿Qué sucede en tu vida?

¿Cómo te hace sentir este proyecto?

Y ahora piensa…

¿Qué quiero hacer, aprender, emprender, conseguir, trabajar, perseverar para hacer todo esto realidad?

UNA ESENCIA INAFECTADA

Igual que “El Guerrero Pacífico” es una buena película para inspirarse, “Invictus” es otra, que nos habla de las altas expectativas de Mandela para transformar un país como Sudáfrica que recién salía del Apartheid. De hecho, el título hace referencia a la trayectoria que la selección sudafricana de rugby siguió para ganar a los míticos Oldblack de Nueva Zelanda y ser los campeones del mundo. Fueron invictos. Pero antes de ese campeonato fueron derrotados muchas veces. Igual que lo fue Mandela. Encarcelado por terrorista aprendió las leyes “de los blancos” o Africaners en la cárcel y aprendió a perdonarlos. Y descubrió que dentro de sí había una esencia inafectada e invicta, esa de la que emanan nuestros valores y talentos, la que nos rescata de nuestras peores tragedias, la fuente de resiliencia y creatividad; todo cuanto necesitó para ser presidente del país del Aparthead. Se integró adentro y por eso fue factor de Unidad fuera, se sintió inspirado por el espíritu Ubuntu, por el Bien Común.

El ser factor de integración y unidad es fundamental para un docente pues lo refleja en su aula, a su grupo de alumnos.

ACTUAR, GENERAR REDES

Para producir transformación es imprescindible “viajar en grupo”, generar redes docentes positivas y motivadas, con altas expectativas. Si no las consigues en tu centro puedes formar parte de otros grupos externos, en un “claustro ampliado” según tus intereses y motivaciones. Conéctate, infórmate, y actúa; sobre todo actúa. Porque no pierdas de vista la importancia de las pequeñas acciones del día a día, pues son pasos hacia la dirección que marcamos, esa que nos alientan las altas expectativas sobre nosotros mismos, sobre nuestros compañeros, sobre nuestros alumnos.

Hoy día necesitamos reflejar valores y criterios claros basados en ellos. Y la Educación es el refugio para la germinación de valores globales y compartidos por todos para permitir a las generaciones futuras transformar la sociedad desde las crisis y necesidades actuales. Sólo con altas expectativas podemos actuar con creatividad e innovación.

Tener altas expectativas puede producirnos alguna desilusión, pero desde la confianza en lo mejor de nosotros mismos y los demás nos sentimos empujados a conseguir el futuro que anhelamos para la Educación y para nuestro Mundo.

Para conseguir algo hay que soñarlo primero con el corazón.