A los valores humanos, como a las perlas, los encontramos buceando en las profundidades del Ser. Sin profundidad sólo andaremos divagando entre superficialidades, cuestiones banales que han adormecido desde siempre a los seres humanos.

Todo aquel que esté a cargo de la coordinación de trabajos y actividades con niños y jóvenes ha de tener claridad. Desde padres a todo tipo de líderes, docentes y/o coordinadores, han de estar más prestos a escuchar que a declamar. Los niños representan la Pureza. Los jóvenes, el Fuego. Por no escuchar los mensajes que la Vida transmite a través de niños y jóvenes, muchos adultos, con actos torpes y con mal manejo de los tiempos, apagamos ese fuego y transformamos la pureza en astucia, prepotencia u otras tendencias de la personalidad.

El manejo de un grupo es un arte mayor que pone a prueba y moldea en la fragua de la vida al instructor a cargo y a los integrantes de dicho grupo, llevándolos a una instancia superior en la comprensión de las situaciones del diario vivir. La tarea (ya sea el juego, el deporte, el arte o la educación) es la excusa perfecta que sirve de puente para que niños y jóvenes se conviertan en seres íntegros en cuerpo y espíritu. Y no en una vidriera para los caprichos de sus egos.

La entrega para con la necesidad del otro abre la riqueza de relaciones con toda la vida. Sin el oxígeno renovador de una actitud de servicio, el ser humano cae en la desidia y hasta se convierte en un “lobo del hombre”.

Maduremos por encima de nuestra necesidad de autorrealización y accedamos a una visión más amplia de la Vida que anhela contribuir, aportar valor desde el Bien Común.

Los tiempos están dados, por las profundas crisis que vivimos a nivel global, para que el ser humano sirva a las necesidades del propio ser humano. Es el momento.

Como educadores padres o docentes, al dedicar nuestro trabajo a niños y jóvenes, nuestro compromiso, responsabilidad y entrega aumenta exponencialmente para exigirnos lo mejor en ese servicio que es la Educación.

Un líder que sabe Observar y Discernir con claridad clarifica a los demás

Liderazgo:

El mejor líder es el que mejor sirve… y es alguien que no se siente líder; no lo pretende, no busca autorrealizarse pretendiendo ser líder.

El buen líder no se decreta líder. No habla sobre el liderazgo, lo ejerce. Se es líder por irradiación, por “brillo” interno. Ese “brillo” es resultado de un trabajo y maduración interna.

Decir que alguien tiene irradiación es lo mismo que decir que tiene “ángel” o “carisma”. Por no querer brillar se brilla.

El buen líder es aquel que se lidera a sí mismo. Lidera sus pensamientos para que le den claridad operativa y no lo embrollen con especulaciones. Lidera sus emociones para ser un virtuoso ejecutor, observa sus miserias interiores para que no lo manden al descenso imprevistamente. Por eso brilla. Por eso es un líder aunque no se lo proponga.

Todo Líder, sea un entrenador deportivo, un docente, un político o un padre de familia, transfiere invisible pero concretamente su energía al grupo que tiene a cargo.

Un liderazgo con actitudes positivas promueve el éxito, la creatividad, la cooperación, la alegría y la unión grupal o de la comunidad.

Un liderazgo basado en la crítica y, por consiguiente, en el miedo, promoverá en el grupo separatividad y una pronta disolución. Aunque físicamente sigan juntos no podrán estar Unidos, y estar juntos no es igual a permanecer Unidos…

Vivir desde los valores humanos entrega a la sangre un “combustible” diferente, otra clase de energía, para que caminemos con eficiencia por la vida. Todo líder en ejercicio, puede tener ese combustible circulando por sus venas e irrigando sus células.

Nuestra misión en la vida no es cambiar al mundo, sino cambiarnos a nosotros mismos.

Despertarse es darse cuenta.

La vida es un proceso evolutivo. Uno nunca es el mismo de un instante a otro. Mueren muchas células para que nazcan otras. Un gran error en el que incurrimos es morirnos sin saber para qué hemos vivido.

Revisar nuestras convicciones, cuestionar nuestras creencias acostumbradas y asumir el “Sólo sé que no sé nada” es una buena llave para entrar a otro universo diferente, el del Ser.

En lugar de buscar lo que no tenemos, encontremos aquello que nunca hemos perdido.

Dejemos de buscar fuera de nosotros lo que sólo vamos a encontrar dentro nuestro.

Como docentes hemos de asumir esta necesaria maduración interna cada día de nuestra vida, para permitir y acompañar a nuestros alumnos en esa misma maduración.