Para recuperar la motivación profesional y personal

A través de estos años de experiencia como docente he ido constatando en parte del colectivo de profesionales de la Educación cierto deterioro, desmotivación, cansancio, pérdida de ilusión, etc. Mi experiencia en formación docente me confirma esta observación: detrás de muchos maestros y profesores entregados hay un claro “síndrome del desgaste”.

Factores de la desmotivación

Los factores de la desmotivación y del malestar docente son muchos. Hay factores personales y profesionales implicados. Algunos están relacionados con el contexto social o familiar, otros con el del centro, con los alumnos, con la directiva y demás relaciones de claustro, con la gestión de aula, etc.
Otros tienen más que ver con esa personalidad creada desde la niñez, en el seno de la propia familia, con sus creencias limitantes, su manera de abordar las emociones y sus aprendizajes rígidos que con el tiempo se revelan disfuncionales. Entonces aparecen las crisis personales en el ámbito laboral, o la crisis de pareja o una crisis personal.

Todos son procesos incómodos y dolorosos, pero las crisis es una oportunidad de revisión y actualización interior.

El denominador común es que a partir de ellos hay una percepción negativa de la realidad que se vive como docente, que termina minando o desgastando esa ilusión por darse a los alumnos, por aportarles maduración y crecimiento, por vivir con intensidad y enriquecimiento los extraordinarios hechos que suceden en el grupo de clase, por emprender proyectos educativos, por sumergirse en las inciertas pero apasionantes aguas de la innovación educativa (que es tratar cada día de mejorar un poco más).

La clave no es lo que nos pasa; es la percepción que tenemos de lo que nos pasa.

Una crisis es una oportunidad 

Porque lo que consideramos realidad es una construcción subjetiva. Es decir, construimos un “mapa” de la realidad desde nuestras emociones, ideas y pensamientos, creencias, valores, etc. Cuando no estamos a gusto en el mundo suele ser porque algo señalado en nuestro mapa no se encuentra en el lugar correcto. Es decir, ante algo que me sucede no me queda otra que asumirlo, aceptándolo. Y sobre todo darle un significado distinto si me genera conflicto. Pues los conflictos que tenemos con la vida son en esencia conflictos con uno mismo; conforme maduramos vamos descubriendo que es así.
La clave para salir del malestar es la propia transformación personal.

Toda crisis personal viene para sacarnos de nuestra zona de confort y crecer con ella, actualizando y mejorando nuestro mapa de la realidad.

La palabra “crisis” viene del griego y significa “oportunidad”. Y la actitud con que la afrontamos es clave para funcionar en modo supervivencia o en modo creativo (ver mentalidad fija, mentalidad de crecimiento).
Si descodificamos las crisis o los problemas como desagradables temas que perturban nuestro bienestar, los abordaremos con una mentalidad fija y una actitud negativa que dificulta nuestro desempeño personal y profesional, pues lo hacemos desde el miedo a perder y ofrecemos resistencia al cambio (miedo a ganar o perder).
Si los descodificamos como retos para mejorar estaremos actuando con una mentalidad de crecimiento y la actitud será completamente distinta (motivación por ganar).

Nuestras creencias nos marcan

Cuando esa desmotivación o malestar es padecido por un alto porcentaje de docentes se construye una “cultura de la desmotivación”. Hay en la actualidad un claro efecto contagio. Se llega a creer que la profesión es un trabajo ingrato del que pocas bondades se puede esperar, por lo que hay que sobrevivir a las aulas siendo fuerte (o haciéndoselo), lo que nos pone a la defensiva y coharta nuestro disfrute y creatividad.
Y lo que uno cree se crea, se manifiesta, se convierte en algo que atraemos y buscamos. Instalados en el malestar muchos docentes dejan escapar la dorada oportunidad de madurar con los enormes retos que cada día se nos plantean en las aulas y centros que habitamos. Son incómodos, nos presionan, nos enfrentan a algunos de nuestros fantasmas; pero son lecciones de vida que asumidas como una práctica deliberada son un magnífico entrenamiento para evolucionar como personas. Si creo que mis alumnos son malas personas o me quieren hacer la vida imposible, eso se hará realidad; no porque todos los alumnos sean malos, sino porque mi actitud hacia ellos sacará lo peor de sí mismos.
Si creo que la Educación es una profesión dura lo va a ser para mí. Si creo que me va a ir bien me irá bien, si creo que me va a ir mal me irá mal. Es el Efecto Pigmalión. Es algo ya constatado y estudiado que la creencia que tiene un docente sobre sus alumnos repercute positiva o negativamente en su aprendizaje y en su “rendimiento académico”. Por supuesto también influye enormemente en las relaciones grupales dentro de un aula. Así que revisar nuestras creencias es fundamental para cambiar nuestra realidad.

¿Dónde está el botón?

Bueno, ¿y entonces, dónde está el botón que cambia esa actitud para dejar el “modo supervivencia” y funcionar en “modo creativo”?
Pues en él único sitio donde puede estar: En nuestro interior, donde están todos los recursos que necesitamos activar o desarrollar como capacidades en nuestra vida; está dentro y hay que encontrarlo.
Pero para ello hay que  transformar nuestra manera de entender y abordar lo que nos pasa. Cambiar nuestra mirada para encontrar vías y soluciones donde no había alternativas.
La Psicología positiva y el Coaching me han enseñado a creer en que tengo todo lo necesario para superar una situación de crisis o inadaptación. Y aprender de ella en el ejercicio de madurar (algo que no es sólo biológico y que no termina nunca). Mi trabajo con cada persona (y con mis alumnos) comienza con la certeza de que también tiene sus propios recursos; el acompañamiento consiste en que los encuentre.
El estado de carencia de recursos es ilusorio; es una creencia limitante a cambiar porque solemos crecer en ambientes familiares y sociales desempoderantes (hemos aprendido que “no podemos”; a eso se le llama, por cierto, “indefensión aprendida”).

Recuperar el sentido de la vida y de lo que hacemos

Nos vamos a centrar en un aspecto a implementar que es muy poderoso para recuperar o potenciar la motivación en nuestra vida o nuestra profesión. Dejáme que antes te haga esta pregunta: ¿Para qué te levantas cada mañana y vas al trabajo?¿Lo haces para ganar dinero o tienes una misión? Estoy preguntando sobre el “Para qué” de tu profesión y de tu esfuerzo. Pregunto si hay un propósito detrás de ser docente, una intención y una finalidad que sean más grandes que tú, más amplias que tu mirada personal y que trasciendan las legítimas necesidades de tu pequeño ego. Para recuperar la motivación las personas han de hacer un viaje indagatorio internamente y preguntarse por el sentido profundo de su vida.
La pregunta clave es: ¿Cuál es el sentido de tu vida y para qué estas aquí? Igual nunca te has hecho esta pregunta. Escríbela en un papel te puede aportar mucha claridad y ser profundamente reveladora para descubrir el sentido de tu vida. Y a partir de aquí revisa cómo la profesión docente está alineada con tu propósito de vida.

La fuerza del propósito

Si tienes una visión de lo que quieres aportar al mundo, a la vida, tienes una misión. Si tienes una misión y estás comprometido con ella tienes un propósito cada día. Es un “Para qué” más grande que tú instalado en tu corazón y en tu cabeza, amando ese propósito y comprometiéndote con él se convierte en un verdadero generador de energía y motivación, además de ser un motor de avance imparable.

En un mar embravecido el velero está a merced de los vientos y las olas, el barco de motor puede seguir su rumbo en línea recta sin desviarse demasiado aunque lo azote el temporal.

  • Nelson Mándela fue el primer presidente de raza negra de Sudáfrica. Antes fue un activista y terrorista. Estuvo condenado a 32 años de cárcel. Y en ese tiempo aprendió a perdonar a sus carceleros y enemigos políticos, se hizo abogado y la esencia de su mandato presidencial fue la reconciliación de las dos Sudáfricas: la de los negros y la de los Africaners. Él dijo: “Soy el capitán de mi Alma, soy el dueño de mi destino”.
  • Viktor Frankl, judío que  sobrevivió a los campos de exterminio nazi. Todos los días se recordaba qué iba a realizar en su vida cuando saliera de aquel infierno. Eso lo salvó y le dio fuerzas para sobrevivir. Tenía un propósito para seguir viviendo.
    Las personas que han conseguido cosas extraordinarias o que han debido superar circunstancias muy adversas han tenido el motor del propósito avanzando y empujándolas a la propia superación personal sobre todos los obstáculos. No hace falta vivir acontecimientos extremos para aplicar este mismo principio del propósito. 

Encontrar tu propósito

No siempre es fácil encontrar ese propósito… Implica una revisión personal, cambios profundos que no siempre se está dispuesto a abordar. Pues el propósito se descubre cuando hay una conexión interior. A menudo es más fácil permanecer en la incómoda “zona de inercia” que atreverse a salir de ella para superar la propias limitaciones y crecer más como persona. Y no es fácil porque en cada límite auto impuesto hay un miedo que lo custodia. Y para atreverse a salir de las propias limitaciones hay que atravesar esos miedos con determinación.
Al final de esa fase, si miras atrás, descubres con sorpresa que esos miedos no eran tan fuertes ni tan grandes, que tú los has creado y tú los puedes desvanecer como el humo. Pero hay que reunir el valor y la intrepidez para afrontarlos de cara. A veces hay que hacer una sanación emocional para salir de un estado discapacitante (y si se necesita se puede contar con ayuda profesional; eso no nos hace de menos). Por difícil que pueda parecer, si se quiere y se pone empeño nuestro cambio de acciones producen, antes o después, una transformación real en nuestra vida.

El propósito es:

  • un anhelo de bien y mejora para el mundo y para ti.
  • una manifestación de tus valores e Identidad más genuina y profunda.
  • Una dirección de crecimiento y desarrollo personal que aglutina fuerzas y produce avance.
  • una fuerza resiliente que permite afrontar las dificultades y obstáculos con mayor entereza.
  • Un foco en el que aplicar tus talentos, capacidades y energías.
  • Da sentido a tu vida y la llena de valor al vincularla con un proyecto más colectivo, universal e inclusivo.
  • genera coherencia en el pensar, sentir y actuar desde tus valores, lo que te aporta naturalidad y autenticidad.
  • el factor que más bienestar y plenitud aporta, pues vincula la propia autorrealización con el bien común y le da un carácter más impersonal. Y el altruismo bien entendido contribuye a sentirse en un estado de mayor felicidad.

El propósito instalado en tu interior se convierte en un “Sol Central” alrededor del que se energetizan el resto de “planetas”:

  • los diversos aspectos de tu vida: pareja, familia, profesión, tiempo libre, economía, etc.
  • tus aspiraciones, actividades y proyectos.
  • Tus relaciones personales y profesionales.

Situado en un nivel superior de la conciencia (nivel de la Identidad), por encima de la acostumbrada y limitada conciencia de la personalidad, el Propósito tiene el efecto de imantar o arrastrar hacia arriba lo que suele pesar hacia abajo: defectos del carácter, emociones bajas, zonas personales inmaduras o discapacitadas, inercias, traumas, etc. Se convierte así en una fuerza inmanente de inspiración y sinergias internas que va transformando a la personalidad progresivamente en una versión más evolucionada, capaz e inclusiva en relación a ese Propósito. Y todo ello es independiente de los logros externos. 

Lo que nos transforma no es la meta, sino el viaje que hemos hecho para alcanzarla.

¿Cómo instalar en nosotros ese Propósito?

  • Revisa lo que te inspira, te empuja, te conmueve y te alegra.
  • Pon en marcha la fuerza de tu imaginación y recréalo en tu mente.

Todo cuando existe, todo cuanto haces, primero se crea en esa dimensión intangible de tu imaginación.La visualización creativa nos ayuda a manifestar en el plano objetivo de la vida lo que imaginamos.Imagina ese propósito haciéndose realidad en el mundo, siente la emoción que por ello te embarga…No hagas caso a los que dicen que no es bueno soñar porque el batacazo es grande; que hay que ser realistas.Sí, hay que ser realistas y tener los pies en el suelo. Pero también la cabeza en el cielo.

Si queremos expandir nuestra conciencia hemos de dar cabida a todas las capacidades humanas. Hemos de dar cabida a nuestra creatividad, generar muchas ideas. Y luego sí, establecer criterios razonables o adecuados para seleccionar o discernir aquellas ideas que nos sirven y desechar las que no. Recordemos que para ser creativos hemos de salir del pensamiento acostumbrado, y generar un espacio libre de las quejas, la crítica o los juicios.

Destila en un breve párrafo o una frase el manifiesto de tu Propósito:

  • ¿Qué quieres ver realizado?
  • ¿qué va a suponer de bueno para ti?
  • ¿Qué va a aportar a los demás?
  • Visualízalo, siéntelo, embriágate de él.

Diseña tu plan y actúa

Ahora concrétalo en una misión: para conseguir mi propósito lo que voy a hacer es…
Establece objetivos de alto alcance a largo plazo: 10 años, 5 años, 1 año.
Ahora establece pequeñas metas a corto plazo, alcanzables, medibles, retadoras, realistas que te vayan llevando: esta semana, este mes, los próximos meses, este curso…

¿Qué voy a hacer hoy, mañana, la semana que viene, el mes próximo, el próximo año y en los próximos 5 años para realizar mi Propósito?

Bueno, ya tienes una misión; cuando pierdas foco o no encuentres tu motivación recuerda tu Propósito y conecta emocionalmente con las sensaciones de verlo cumplido. Ahora toca actuar con perseverancia, día a día, para que no se quede en buenas intenciones.

Reflexiona para no bloquearte:

¿Qué harías si pudieras, si nos hubiera obstáculos? ¿Qué harías si cada día fuera el último día de tu vida? ¿Qué harías si cada día fuera el primer día de tu vida?