Cuento cherokee de los dos lobos

Un antiguo cuento cherokke cuenta que el anciano de la tribu se reunía con los más jóvenes en torno al fuego nocturno. Y les contaba la siguiente historia:
“Dentro de nosotros hay dos lobos en constante lucha. Uno es el lobo blanco de la amistad, la cooperación, la empatía, el desinterés, el amor, la abnegación, el servicio. El otro es el lobo negro del odio, la guerra, la envidia, el egoísmo, la ignorancia”. “¿Cuál de los dos ganará?”, preguntan curiosos los niños alrededor del fuego. “¿No lo sabéis? Aquél al que le deis más de comer. Por eso sed conscientes de esos dos lobos en vuestro interior. Y reforzad al lobo blanco, dejando de alimentar al lobo negro”.

La lucha interior

La moraleja del cuento es clara. Pero, ¿y si te dijera que la lucha interior no hace más que aumentar tu conflicto, el ruido, tu sufrimiento interno? Si luchamos contra uno de nuestros aspectos internos lejos de debilitarlo lo reforzamos.
Sí. Piensa en algún defecto que desees evitar. Cuanto más te enfadas y desapruebas ese defecto, cuanto más lo combates, peor te sientes, mayor es la lucha en tu interior, más desgaste sufres y en peor situación te encuentras.
Por un lado deseas librarte de él. Y esa lucha entre lo deseado y lo real es lo que te machaca.
Además, ambos aspectos enfrentados tienen su razón de ser. Sí, aunque parezca que ese lobo negro es detestable tiene todo el derecho a existir, pues tiene una poderosa razón para hacerlo, para llamar tu atención, para que lo tengas en cuenta.
Entonces, ¿qué podemos hacer con todos esos aspectos negativos de los que nos queremos librar?

La mejor táctica

No luches contra ellos. Ya sé que eso es muy difícil, porque cuando aparecen generan mucha incomodidad.
En primer lugar, acéptalos; sí, acepta que estän en ti. Mientras no quieras mirarlos o trates de ignorarlos más te dominarán.
Escúchalos, atiéndelos y descubre cuál es su finalidad positiva, porque algo bueno para nosotros buscan. Sólo así podrás integrarlos.

“Lo que rechazas te domina, lo que observas, atiendes e integras lo puedes controlar”.

Por ejemplo: un vicio como el comer dulces en exceso provoca obesidad y a la larga enfermedades como la diabetes.  Una persona que come dulces compulsivamente luego se siente culpable. Quiere dejarlo y no puede. Se culpa, se maltrata internamente porque no quiere seguir haciendo eso. Pero el conflicto es tan fuerte que se siente triste, desgraciada. Y vuelve a comer dulces una y otra vez. ¿Cuál es la finalidad positiva de comer dulces? Puede ser compensar la tristeza de su vida, darse placer o bienestar porque está siempre en la exigencia, etc.
Así que comer dulces tiene una intención positiva: estar mejor. Sólo que no es la manera adecuada para conseguirlo; es sólo un mecanismo de compensación. Pero aceptar que se come dulces para conseguir algo bueno puede hacer a la persona buscar eso que se está compensando, la verdadera razón para comer dulces: amar y ser amada, permitirse ser feliz, darse permiso para descansar y tener bienestar, etc.
Posiblemente tiene otro “lobo” que sea el lobo de la exigencia, del deber, del tener que, de hacerse cargo, de la obligación.

La necesaria negociación interna

Al final ambos lobos, el lobo de los dulces y el lobo de la exigencia tendrán que hablar para llegar acuerdos; pues ambos buscan una finalidad positiva para la persona.
Así que sólo a través del diálogo de ambos lobos, y no enfrentándose, sino llegando a acuerdos es que podemos resolver este tipo de conflictos internos que tanto sufrimiento nos producen.
Con ayuda terapéutica o con Coaching se puede trabajar a partir de Norberto Levy y los autodiálogos, o la dinámica “Ping-pong” de PNL y establecer un diálogo sanador entre dos contrapartes internas en conflicto.

Paradójicamente, es la escucha y la aceptación de lo que nos molesta lo que más integración nos aporta, y nos facilita el ir construyendo una mejor versión de nosotros mismos.

Todo lo “malo” que hay dentro de nosotros es una herencia de los instintos y la necesidad de supervivencia. La desconfianza y el deseo nacen de esa sensación de precariedad y en el fondo buscan algo legítimo. Sólo que con medios y hacia fines que pueden producir más sufrimiento.
Partimos de la convicción de que toda conducta, por disfuncional que sea, es un intento de encontrar la felicidad.
Sin embargo, el lobo malo tiene mucha fuerza y energía. ¿Te lo imaginas remando en la misma dirección cooperando con el lobo blanco?
Cuando se integran sus aspectos se libera toda su energía del conflicto y se dirige a la construcción de un camino de vida más maduro y en coherencia con las aspiraciones reales, con ese plan adecuado para cada persona que fluye sin resistencia y aporta bienestar sin lucha.