El retiro forzado que supone el confinamiento por el virus COVID 19 es una oportunidad para alejarnos un poco del torbellino de acontecimientos y recogernos en un espacio reflexivo desde el que poder observar desapegadamente.

Cuando surge una amenaza nos ponemos en guardia. Inevitablemente sopesamos qué supone para nosotros y qué podemos perder. Si es grabe todos nuestros recursos se emplean en afrontarla. Una vicisitud así enfoca todos nuestros recursos en tratar de vencerla. También nos descubre lo que es superfluo y lo que es esencial.

La Pandemia a nivel mundial está provocando la paralización de la sociedad, la economía y la cultura. El mundo se detiene. Todo se cancela por el peligro de contagio y la población debe estar encerrada en casa para evitar su propagación.

Hasta la libertad personal (tesoro sagrado e inviolable de nuestra cultura) queda limitada en favor de un bien mayor y colectivo que supera lo individual.

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LOS FRENTES DE ESTA CRISIS SON GLOBALES Y TRANSVERSALES

Un estado de emergencia global que no conoce fronteras, que se extiende por casi todo el mundo, que nos amenaza a todos por igual es, sin embargo, una oportunidad para unir esfuerzos más allá de los intereses particulares que nos mueven. Los países dan señales de haber aprendido de otras crisis y están generando mecanismos para cooperar y vencer juntos a un enemigo común; se entierran otros conflictos de diversa naturaleza que ahora se vuelven menos importantes y hasta insignificantes.

Esta crisis global genera muchos frentes porque sus consecuencias son de muy diversa naturaleza.

Está el frente médico con el abordaje de la emergencia sanitaria, el estrés del sistema sanitario, el colapso y la búsqueda de recursos entre toda una misma sociedad para vender las dificultades juntos, pues individualmente es imposible.

Con esta crisis aprendemos que el valor de la medicina o ser médico no reside en tener un estatus social o económico, sino en el servicio que implica, dándose más allá de uno mismo para acompañar procesos de enfermedad y curación personales y colectivas.

Del mismo modo que toda profesión tiene un valor de contribución como servicio al conjunto de la sociedad (es enorme el valor de futuro que aporta la Educación), concibiendo más claramente que somos células de un organismo, un sistema mayor del que formamos parte. Vivimos en relación con los demás. La sensación de vivir separados es una ilusión.

Muchos sanitarios están descubriendo que se prepararon toda una vida para afrontar la complejidad de los días que están viviendo.

Los aplausos espontáneos de agradecimiento a la labor de todo el personal médico de nuestros hospitales, la donación que ha realizado China a varios países europeos de material sanitario, su tutorización y apoyo especializado, cuando aún no ha terminado casi de salir de su propia epidemia, son signos de genuina solidaridad. Surgen todo tipo de iniciativas solidarias de ciudadanos y empresas a nivel local, paralizando necesidades personales para contribuir a la emergencia colectiva que estamos afrontando.

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CAMBIAR NUESTRA MANERA DE SER Y ESTAR EN EL MUNDO

Está el frente económico, con las consecuencias de la paralización de los procesos productivos y el consumo, el abordaje de la inevitable pérdida económica.

Pero igual ahora aprendemos a liberar todos esos fondos multimillonarios, atesorados para contingencias como esta, que esperan una oportunidad para fluir y ser productivos en términos de solidaridad, reparación, generación de riqueza allí dónde y cuándo verdaderamente se necesita.

Casualmente, cuando llevamos mucho tiempo haciendo oídos sordos a la necesidad de replantearnos nuestra forma de vida, porque se hace insostenible para el Planeta, llega la amenaza del virus y nos obliga a un forzado Stop.

¿Casualidad o causalidad?

Ciudades vacías e industrias paradas están suponiendo un necesario a alivio al aire de nuestro planeta, a sus aguas y ecosistemas. Igual vamos aprendiendo que la verdadera riqueza está en apreciar y preservar lo que nos es dado para vivir y desarrollar nuestra vida juntos en esta casa y escuela común que es la Tierra.

EL FRENTE PERSONAL

Está el frente personal, siempre lo está… En el afrontamiento del miedo y la desconfianza. En atravesar el forzoso cambio de vida a través de seguir un guión que nos es impuesto y seguramente era muy distinto al que teníamos previsto para estos meses. Hemos de afrontar la incertidumbre y hasta las pérdidas, algunas muy duras e irreparables.

Se ha parado de pronto esa inercia desenfrenada que llenaba nuestra cabeza con excesiva demanda externa, llena de proyectos personales que cumplir entre el trabajar y el consumir.

Nos recogemos en casa, en familia; y así la vida nos invita a replegamos hacia adentro de nosotros mismos, en ese espacio interno que es nuestro verdadero hogar: el hogar interior. Pues es desde ese habitar el hogar interior que se puede generar hábitat de “hogar” con los demás, porque aprendo a acoger, amar, valorar, considerar o empatizar .

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POSICIONARNOS ANTE LA CRISIS

Esta crisis está sacando lo mejor y lo peor de nosotros mismos. Aquellos que se quedan en el pensamiento antiguo, que buscan soluciones desde lo que se hizo en el pasado o desde los hábitos psicológicos van a ver surgir lo peor de su naturaleza humana. Aquellos que sacan sus fortalezas, valores y emprendimientos por una causa altruista y compartida verán reforzar su mejor naturaleza y contribuyen a un cambio transformacional. Debajo de esa ayuda a los demás, de ese anhelo de cooperación, de aportar valor al conjunto hay un empuje de principios humanos muy profundos que han sido un factor esencial en nuestra evolución como Humanidad.

Es la certeza de una vinculación profunda con el resto de congéneres, con todos los seres que habitan el mismo mundo, un vínculo con el propio planeta que propicia nuestro Hogar Común. Hay señales de que esta circunstancia genera a nivel global un mayor sentimiento de vínculo con el conjunto del que formamos parte. Y nos estamos despertando del individualismo a ultranza que muestra sus carencias en estados de amenaza global en los que todos dependemos de todos.

Recordemos que desde siempre buscamos crear sociedades para evolucionar. Y que ahora estamos en un estado de conciencia que nos invita a replantear los cimientos y valores de nuestras sociedades para seguir evolucionando como humanidad.

La Física Cuántica nos descubre que todo en el Universo está vinculado. Y tal idea se sustenta en el hecho de que lo manifestado recuerda de cierta manera el origen común antes del Big Bang, antes de esa explosión Cósmica que dio lugar al Universo que conocemos.

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LA GRAN BATALLA DE NUESTRO TIEMPO

Se ha nombrado a esta pandemia como una “guerra” que hay que vencer.

La verdadera guerra es hacia todo cuanto nos destruye como humanidad.

Esta crisis plantea una guerra a nivel personal. Una guerra entre dos tendencias dentro de nosotros, entre dos ejércitos que nos piden que nos unamos a su bando.

Uno es el ejército del miedo. Nos recluta por el egoísmo, el individualismo, la tristeza, la envidia, el sufrimiento o la separatividad.

El otro es el ejército de la colectividad, del amor incondicional e impersonal, de la mesura y la empatía, de la cooperación, de la justicia, de la amistad y la unidad.

En lo íntimo de cada uno se está librando esta batalla en estos momentos.

Al final uno mismo ha de descubrir tras el fragor de esta lucha interna que no se trata de derrotar al enemigo por la fuerza, ni de hacer prevalecer puntos de vista; sino de incluirlo por la evidencia, la paciencia, el corazón y la razón. Comprendiendo que al descubrirse una misma causa debajo de las aparentes diferencias, no hay enemigos. Cuando juntamos la fuerza de los dos ejércitos en una causa común (evolucionar) somos invencibles.

De eso se trata: de encontrar lo común en las diferencias y aparentes conflictos, de enfocarnos en la causa mayor que nos contiene. Y de unir fuerzas para contribuir a ese bien común, que es el mayor de los estados al que podemos aspirar y la clave para superar este momento de la historia en la que nos jugamos nuestra supervivencia y la del Planeta.

Los seres humanos somos muy diversos: diversas culturas, religiones, ideas, maneras de estar en el mundo. Sin embargo lloramos y reímos por lo mismo. Nos alegramos o entristecemos por las mismas cosas. Todos queremos amar y ser amados, valorados, tenidos en cuenta, realizarnos aportando gozosamente a los demás lo mejor que somos. En definitiva: todos queremos ser felices. Bien, pues tratar de ser felices “a nuestra manera” no funciona porque entramos en conflicto con los demás.

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LA VACUNA QUE SURGE DEL INTERIOR

Nos toca aprender a ser felices incluyendo en esa ecuación la felicidad de los demás. Este es uno de los aprendizajes que nos aporta esta crisis: encontrar la manera de vivir juntos en plenitud enfocados en un mismo propósito, desde el bien común que a todos nos incluye y no deja a nadie fuera.

Hay en lo que acontece estos días una invitación a reinventarnos y desplegar la creatividad, saliendo del pensamiento que ha generado esta crisis, transformando las ideas que han construido a esta manera de ser y estar en el mundo. No porque sean malas, sino porque ya no nos sirven. Se agotó el paradigma.

Tenemos el conocimiento, pero nos falta la voluntad unificada de ir todos a una.

Gracias a esta Pandemia Global estamos más receptivos a buscar una solución común.

Y mientras la hacemos frente y encontramos una vacuna contra la enfermedad nos toca hacer un trabajo personal de fabricar en nuestra conciencia esa “vacuna” para inmunizarnos contra los pensamientos, sentimientos, emociones y deseos que nos han traído hasta aquí.

Hay algo que se contagia más rápido que un virus, porque es instantáneo: el estado de ánimo y nuestras actitudes ante la vida.

Contagiemos en estos días de confinamiento, como tantos hacen de manera consciente y solidaria, lo mejor que somos como especie: esa Esencia Consciente cuyo mayor anhelo es aportar al Bien Común para seguir viajando juntos por esta aventura que es la vida.

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Encontremos sentido a cuanto vivimos y extraigamos aprendizajes de las crisis que nos tocan vivir.

Toda crisis encierra una oportunidad.

Busquemos siempre razones para apreciar y agradecer, incluso en momentos duros como el actual.

Incluso en las mayores tragedias hay una belleza oculta que se abre como una flor para entregarnos valiosos aprendizajes. Sólo hay que aprender a mirar de otra manera.