De cómo el Covid19 puede empujarnos a innovar como docentes

El confinamiento en casa al que se está sometiendo a la población por la pandemia del Coronavirus Covi19 está dejando aulas vacías y niños en casa. Es una situación excepcional y nueva que sólo se da en raras situaciones.

El pasado viernes, 13 de Marzo, la mayoría de los centros de la Región de Murcia (seguramente de toda España) tendrían su claustro para coordinar medidas que telemáticamente garantizasen la educación. Mientras las instrucciones de la Consejería iban sucediéndose con constantes cambios, adaptándose a los escenarios que se estaban dando en el País.

Con el decreto del Estado de Alarma, el lunes 16 de Marzo, en la última de esas instrucciones se nos indicaba lo que era obvio: no tenía sentido que acudieran profesores o personal no docente  a trabajar para mantener los centros abiertos y garantizar servicio a usuarios que tampoco pueden salir ni acudir.

Pues eso, si no podemos ir a clase pero hay que seguir ejerciendo la docencia sólo queda repensar la Educación.

TELEFORMACIÓN: AHORA DESDE EL OTRO LADO

En pleno siglo XXI muchos docentes  ya conocen la teleformación como un medio para formarse. Pero ahora se trata de que todos los docentes hemos de desarrollar competencias para que nuestros alumnos sigan aprendiendo.

En mi centro vamos con intensa actividad estos días implementando todo lo necesario para ello. Un compañero se sinceraba confesando que se ha puesto al día en tecnología educativa de golpe: ha abierto blogs educativos, ha construido sus cursos con Google Classroom, maneja videoconferencia y distribuye contenidos para sus alumnos con varias aplicaciones. Otra compañera ha comenzado a realizar clases en streaming a través de video conferencia. Otra profesora de español graba desde su casa videos caseros enseñando palabras y expresiones sencillas.

Algunos ya llevamos tiempo usando blogs educativos, manejando alguna plataforma de enseñanza a distancia o incluso los hay que son muy conocidos en redes sociales como Youtube.

Pero en todo caso esta situación excepcional nos exige sacudirnos el miedo y afrontar el reto con creatividad. Tanto si eres de los avanzados en competencias digitales y creación de contenidos como si acabas de aterrizar en la “Educación 3.0”, hay muchas opciones que se amoldan a cada uno.

En nuestro centro las opciones que consideramos fueron desde el clásico grupo de email, para enviar y recibir materiales o actividades, hasta plataformas Moodle o blogs personales, pasando por el Classroom de Google.

Más allá de las aplicaciones y técnicas a usar, lo importante es:

  •  Mantener el contacto regular con los alumnos (y la motivación por aprender).
  • Mantener el contacto entre los docentes y coordinarnos adecuadamente.
  • Reinventar o aprender unos de otros otras maneras de aprender usando la tecnología.

UNA OPORTUNIDAD PARA DESCUBRIR Y APRENDER

Al fin y al cabo, esta crisis es también una oportunidad para innovar en educación y descubrir:

  • Cómo la tecnología puede modificar lo que hacemos, cómo lo hacemos y los entornos en los que lo hacemos.
  • Cómo los padres se pueden implicar más en la educación de los hijos… Y no sólo me refiero a lo académico, sino a la educación más vinculada a una crianza sana, emocional, desde los valores y las actitudes potenciadoras de los talentos y capacidades de los hijos.
  • Cómo la teleformación se podría aplicar más en la enseñanza formal, no sólo en los casos en los que no se puede asistir (por enfermedad u hospitalización). Sino también en la mejora de la conciliación familiar (padres teletrabajando e hijos teleformándose).
  • Romper el mito de que enseñar más supone que se aprenda más; cuando no es lo mismo lo que se enseña que lo que de verdad se aprende. Acabar con una educación bulímica, aprender por objetivos, intereses propios (opcionalidad) y retos.
  • Generar espacios y dinámicas de aprendizaje más informales dentro y fuera del aula, incluso conectando más lo que el alumno aprende fuera del centro con lo que aprende dentro.
  • Llegar a una educación más centrada en el alumno (sí, los alumnos aprenden por sí mismos) y en el diseño del PLE (Entorno Personal de Aprendizaje), rediseñado entornos más eficaces y eficientes (de los que mejoran el aprendizaje de los alumnos), repensando el conjunto de herramientas de aprendizaje, materiales, instrumentos, servicios y artefactos en numerosos contextos y entornos (formal-informal) para ser utilizados por el alumno.
  • ¿Y el currículum? Hacerlo flexible, muy flexible: un currículo vivo que se adapte a las necesidades de aprendizaje de los alumnos, y no al ¿miedo? inconsciente de ser peores docentes si no cumplimos la programación (vale… 2º de Bachillerato es otra cosa).

¿ADAPTACIÓN O TRANSFORMACIÓN?

Adaptarnos a los cambios es bueno y necesario; es inevitable en estos tiempos que vivimos de incertidumbre, vulnerabilidad y rápidos cambios sociales y tecnológicos.

Pero situarnos en el victimismo que añora un pasado o modelo que ya no existe y que rechaza la realidad no nos hará ni más felices ni mejores profesionales.

Hay motores de cambio que son internos y luego hay cambios adaptativos producidos por demandas externas. Pero todo motor de cambio interno, desde motivación propia, es más potente que cualquier exigencia que nos venga de fuera.

ESTADOS REFLEXIVOS

Podemos aprovechar este aislamiento social para encontrar ese sosiego reflexivo que a veces olvidamos por el exceso de demanda externa y el alto ritmo vital. Los estados reflexivos son oportunidades para salir del pensamiento acostumbrado, el habito y la repetición para descubrir otras opciones, explorar y hallar algo nuevo sobre nosotros mismos.

Desde este “espacio en blanco” generado por las circunstancias podemos repensar nuestra vida y su sentido (a nivel personal y planetario), nuestros afectos familiares o más cercanos y, por supuesto, reencontrarnos con nuestra vocación docente; sí, con todo aquello que nos ilusionaba de esta maravillosa profesión y que a veces se olvida al caer en el desencanto: ver brillar a nuestros alumnos, alegrarnos de sus logros y crecimiento, valorar cómo en su maduración van emergiendo aquellos talentos que ya vimos desde el principio, sentir que aquellas palabras nuestras, salidas del corazón y de una mirada apreciativa, cambiaron sus vidas para siempre. También ellos cambian las nuestras y nos hacen madurar internamente.

Igual vemos que todo ese “núcleo positivo” está intacto en alguna parte del corazón y que somos nosotros los que podemos cambiar de perspectiva, sin obviar los problemas pero con una actitud más proactiva y positiva, para que nos siga impulsando.

Salir de nuestra zona de inercia puede ser incómodo, pero afrontar retos educativos y conseguir una mayor competencia es muy motivador.

Por cierto que la incertidumbre puede ser el territorio del miedo o de la creatividad.

¿Dónde prefieres situarte, amigo docente?

Me alegra y me enorgullece el que como colectivo estemos afrontando esta crisis desde lo mejor que somos.

El virus pasará, volveremos a la normalidad y regresaremos a las aulas.

Espero que nuestra mirada a lo que sucede en ellas sea distinta, más apreciativa, y llevemos a ella las innovaciones que en este periodo excepcional hayamos aprendido.

Un abrazo.

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