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Del regalo al legado emocional: el poder de una carta de reconocimiento

En la festividad de los Reyes Magos, la inercia nos empuja a llenar el espacio bajo el árbol con regalos materiales. Sin embargo, quienes buscamos una paternidad más consciente sabemos que el hambre más profunda del ser humano no se sacia con lo material, sino con el Reconocimiento (La economía de las caricias, Steiner).

Este año comparto una vivencia entrañable de hoy, Día de los Reyes Magos, en nuestro hogar junto mi compañera Nuria y mis tres hijos.

A pesar de que ellos se van haciendo grandes (los tres están en la veintena), nosotros mantenemos esa vocación de hacer de Reyes Magos y preparar algunos regalitos sencillos para cada uno, generalmente cosas que necesitan.

Más allá de los regalos materiales veíamos con Nuria conveniente seguir escribiendo una cartita apreciativa, como en años anteriores.

Juntos, en torno a la mesa en la mañana de Reyes, estuve leyendo la carta. Comencé con la incertidumbre de cómo reaccionarían… Todos escuchaban atentos y se notaba que resonaban en su mensaje, que era celebrar a nuestros hijos y el ser sus padres; reconociendo esa Luz interior y especial que tiene cada uno de ellos y que se va desarrollando conforme despliegan sus alas.

Para terminar, Joni, nuestro hijo mayor, nos abrazó y se extendió ese abrazo a todos en torno a la mesa, haciendo una piña.

Jonathan, actuó como el primero de la siguiente generación, aceptando el reconocimiento de sus padres y dando el paso para que ese Abrazo fuese una Reparación del Campo Emocional Familiar.

Las jerarquías se fundieron y dejamos de ser «el que manda» y «el que obedece”, el Padre y el Hijo. En el abrazo, no hay un «arriba» y un «abajo».

Cuando los padres «bajan» al nivel del Corazón y los hijos se «elevan» al nivel del Reconocimiento Adulto, la línea jerárquica se vuelve más horizontal. Ahí es donde puede darse una Conexión más real, la que sana las heridas de la autoridad del pasado, que va siendo integrado y transmutado liberándose cargas que aligeran la mochila emocional de nuestros hijos; libres de nuestras propias sombras y aspectos no integrados.

Eramos simplemente cinco almas reconociéndose como iguales en dignidad y amor.

El rol desaparece para que aparezca el Ser.

Las separatividades dejan de ser grietas, para ser cicatrices que pueden sostener la estructura familiar con más fuerza.

Estamos trascendiendo la costumbre familiar de valorar indirectamente a través de lo material y lo externo, de los regalos, de los postres y dulces; pudiendo dar ese Cariño y Reconociendo a través de una comunicación afectiva madura, como una herencia luminosa sembrada en el corazón de cada uno de nuestros Hijos.

Nos conmociona esta vivencia, porque más allá de la lectura del escrito, los valores y Fortalezas Familiares se desplegaron de manera espontánea en este encuentro más profundo y auténtico. Se pudo expresar la docilidad de unos hijos agradecidos que van encontrando en sus padres referencias de vida válidas.

Desde hace muchos años, como padre, pretendía que esto sucediera. Pero aparecían resistencias en los egos rebeldes ante la imposición o la expectativa negativa.

Ahora sin pretenderlo, esa aportación de cariño se da de forma natural y sin forzar… Simplemente porque se dan las condiciones como padres y como familia para que eso suceda. Cuando la persona se siente vista en su esencia y pureza, ya no necesita defenderse.

Vamos viendo muchos detalles en cada día también de esos Avances, no es solo algo Extraordinario.

Reconocer el papel de Nuria, la compañera, es cerrar el Círculo de Gratitud.

Ambos nos ayudamos a Sostener la antorcha en las zonas oscuras. Y Nuria es el Bálsamo que ha permitido que nuestras heridas pasadas cicatricen con amor.

Juntos hemos pasado de ser gestores de una familia a ser los custodios de tres bellas almas. Agradezco su paciencia, el que nos desprendamos de nuestras líneas familiares pesadas para consagrarnos a nuestra familia. Su Mirada Apreciativa complementa la mía, y tiene esa capacidad de entregar el Corazón para hacer que el Hogar se sienta como un Refugio para cada uno de nosotros, transformando nuestra historia en un Legado de Luz.

Lo básico es ejercer día a día los valores, aunque sea de manera imperfecta, pero con constancia, siempre proactivos desde la apertura del Corazón.

El verdadero regalo de Reyes no fue la carta, sino el permiso que nos dimos todos para asumir que somos vulnerables.

Estamos pasando a ser una Familia que se reconoce en la Esencia de cada uno. Este avance es la cosecha de haber entrado, antorcha en mano, en nuestras propias cuevas para iluminarlas desde el amor que siempre estuvo allí, esperando a ser convocado.

Así se puede ir transformado una familia en un pequeño Hogar-Escuela de Fortalezas Humanas, donde la imperfección es aceptada para el aprendizaje, y la Luz es celebrada en cada uno. Así, Luz y Oscuridad, Bien y Mal, son dos polaridades que se Integran adecuadamente para el aprendizaje emocional, el desarrollo de la propia identidad y una estima sana que permita a nuestros hijos desplegar sus alas de manera óptima.

Muy agradecidos por este Florecer Familiar estando aún en periodo de siembra personal y colectiva, haciéndonos cargo y madurando emocionalmente.

¿Quieres leer la carta que escribimos a nuestros hijos? Sí, quiero leerla.

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