Boris Cyrulnik, neurólogo y psiquiatra afirma que “después de una catástrofe siempre hay una revolución”. Que sea una revolución necesaria, sin estridencias, sino amable y positiva entonces; del granito de arena de cada uno de nosotros depende.

En estos días inciertos para nuestra vida, la Educación también anda revuelta. Los docentes estamos haciendo un esfuerzo para adecuarnos a esta nueva situación de confinamiento manteniendo desde la tele formación el derecho a la educación.

Las aulas vacías dejan paso al aprendizaje en casa a través de dispositivos digitales.

La situación de los alumnos es muy diversa dentro de cada hogar. Además de la Pandemia los problemas económicos o de convivencia también golpean fuerte en muchas familias.

Toda crisis genera pérdidas, algunas irreparables (como las personales), testea la fortaleza de una sociedad o sus individuos y revela sus debilidades. Con esta crisis los problemas subyacentes que arrastraba la educación simplemente se notan ahora más.

Pero de sus cenizas resurgió el Ave Fénix. Y todo quiebre o ruptura aporta un espacio potencial para nuevos amaneceres. Esta “Sociedad Líquida” que preconiza Bauman nos genera mucha incertidumbre pero en paralelo muchas oportunidades nuevas.

Observemos la expresión de algunos de esos problemas fundamentales en Educación y aportemos posibles abordajes.

Se agrava la brecha social

Hay en torno a un 10% de los alumnos que no van a poder estar conectados y seguir los procesos de aprendizaje; tiene que ver con eso que llamamos la brecha digital, la falta de alfabetización tecnológica o la falta de implicación de los padres; todo eso que se encuadra en aspectos relacionados con el nivel socio cultural de las familias.

Esta es una brecha que ya existía antes de este parón forzoso: la implicación de las familias en la educación de los hijos es un factor de éxito académico de primer orden. Está constatado que los alumnos de aquellas familias que no disponen de tiempo, recursos, voluntad o capacidad y dejan a sus hijos solos en la realización de los deberes, estudio y tareas en casa lo tienen más difícil y necesitan un apoyo que se intenta dar en el centro educativo y que no siempre tienen garantizado.

La inclusión no es sólo un valor y derecho fundamental de la Educación Pública, al garantizar la igualdad de oportunidades y derechos para una sociedad justa y equitativa. Inclusividad es ante todo sentido de pertenencia.

Esta Brecha en la inclusión ha sido reconocida como “insalvable” por nuestras instituciones educativas. Y es una de las razones de haber adoptado medidas de flexibilización en este tercer trimestre del curso 2019/2020 para que ningún alumno se quede atrás, por lo que la Orden publicada recientemente por el Ministerio de Educación (1) propone “la promoción como norma general”; que la repetición de curso sea algo excepcional.

¿Es un aprobado general? Así parece haberlo entendido gran parte de la sociedad y la comunidad educativa. No, en absoluto es así. No se trata de dar el aprobado “por la cara”, sino de dar la promoción general (algo a lo que han mostrado su disconformidad algunas Comunidades Autónomas, entre ellas la de Murcia). Se trata de que los alumnos puedan pasar de curso y tengan la posibilidad en el próximo de adquirir los aprendizajes que les faltan, porque se van a diseñar y adoptar medidas para ello cuando se pueda reiniciar la educación presencial  en los centros.

Es evitar que la excepcional situación de la Pandemia del COVID 19 perjudique a los alumnos al hacerles “perder” un curso; tanto a los que iban “bien” como a la que iban “mal” o “regular”.

Más delicada es la situación de aquellos alumnos en cursos con “titulación”, como 6º de Primaria, 4º de Secundaria y 2º de Bachillerato. Disposición 4609 del BOE núm. 114 de 2020.

Pérdida del contexto

Con la pérdida del espacio conocido para los aprendizajes, los centros y las aulas, que son ante todo los lugares de encuentro y convivencia, se rompen varias estructuras educativas incuestionables como son la ordenación de espacios, tiempos y personas.

Hay una desubicación de espacios: los aprendizajes se producen en la casa de cada alumno y familia, en tiempos distintos.

Las relaciones y comunicaciones se mediatizan por lo digital, y esas herramientas y medios informáticos generan otras maneras de relacionarse.

Los tiempos se flexibilizan, las horas regladas en el horario se hacen inconcretas y la ordenación se torna individual. De repente cobra más sentido aún el diseño y la implementación del Entorno Personal de Aprendizaje.

Entra en crisis el concepto de un único y concreto “espacio educativo consagrado a la enseñanza”. Y ello nos permite repensar otros espacios y tiempos que los de la acostumbrada Enseñanza Formal. Podemos flexibilizar e individualizar los aprendizajes con el apoyo de la formación no presencial, mezclar y complementar abordajes formales con otros más informales: en la familia, en el juego, en la calle y la interacción social de niños y jóvenes. No olvidamos por ello la importancia fundamental que la educación presencial tiene en la generación de los vínculos (emocionales) para la sinergia de los aprendizajes.

Pérdida del sentido

En estos días corre por las redes sociales un anuncio en el que se ofrece la realización de exámenes on line con acceso remoto por 35 euros. Es decir, que ese “experto” en exámenes puede acceder a tu propio ordenador y hacer por ti una prueba evaluativa on line, suplantando tu identidad. Por tanto, la capacidad de virtualización que ofrecen las herramientas TIC puede llevar a la educación a un mero simulacro.

Aquí se plantea un aspecto que ya existía: ¿El objetivo es aprobar o aprender? No es que uno sea incompatible con el otro; más bien se atisban complementarios: uno (aprobar) debería ser la consecuencia del otro (aprender). Aunque sospechamos que no siempre es tan así, o que al menos la demostración de un examen, por sí mismo, de las competencias adquiridas es más que cuestionable.

Los docentes llevamos varias semanas dándole vueltas a cómo evaluar telemáticamente. Desde los Cuestionarios on line cronometrados a los exámenes orales hay un gran abanico de aplicaciones y procedimientos, incluso por vigilancia al copiado con la webcam de cada alumno.

Y es que cuando ya no tenemos la garantía de que hacer un examen nos dé la información de lo que sabe un alumno, lo que se cuestiona es el clásico examen como herramienta de evaluación.

Y si los exámenes ahora no sirven, ¿qué podemos hacer?

Es una oportunidad para cambiar las herramientas de evaluación. Pero sobre todo para facilitar un Aprendizaje más “real” y competencial.

Nuestros centros educativos son centros de conocimientos, pero no siempre son centros generadores de cultura. La cultura es el conocimiento “vivo” que aporta valor a la sociedad, la enriquece y la transforma. Cuando nuestros alumnos realizan proyectos vinculados a su entorno social, o generan contenidos que enriquecen la mirada de nuestra realidad, nos convertimos en productores de cultura. Y no sé si debería explicar más o mejor lo que eso implica en la potenciación de los aprendizajes… (queda emplazado para otro momento).

Lo que se cuestiona es lo que tratamos de enseñar; y sobre todo se cuestiona lo que se aprende. Es decir, el para qué de la misma educación, su sentido y finalidad (sí, ya sé que es algo que he repetido más de una vez).

Vincular la enseñanza del conocimiento con el hambre de saber de los alumnos, con sus motivaciones y necesidades, contextualizándolo al mundo en el que viven, podría ser una necesaria actualización de nuestra educación.

  • (1) Orden EFP/365/2020, de 22 de abril, por la que se establecen el marco y las directrices de actuación para el tercer trimestre del curso 2019-2020 y el inicio del curso 2020-2021, ante la situación de crisis ocasionada por el COVID-19