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Aprovechar el tiempo


Aunque en medio de las tribulaciones y asuntos de la vida no solemos pensar sobre ello, lo cierto es que la muerte es consustancial al nacimiento y a la vida.

Si hay algo que es tan preciado que no tiene precio es precisamente el tiempo. 

Cuenta Uri Sabat en su podcast, que una vez se encontró con el empresario americano Richard Branson. Y le preguntó: si le dieran a elegir entre la posibilidad de llegar a Marte o tener 30 años más de vida, ¿qué elegiría? 

Branson, sin dudarlo un instante, le dijo que le regalaba todos los cohetes, todos los artefactos, todas sus empresas, pero que a cambio volviera a tener la edad que tenía Uri en ese momento, que podrían ser 35 o 40 años.

Cuando en nuestra cultura occidental se habla de aprovechar el tiempo, parece que lo primero que nos viene es el concepto de productividad, de hacer mucho. 

Y seguramente ese es uno de los excesos de nuestra cultura, el hacer  neuróticamente y sin medida (ver el planteamiento de “La Sociedad del Cansancio” de Byung-Chul Han).

Aprovechar el tiempo seguramente tiene que ver más con el ser que con el hacer.

Con saborear los instantes, con vivir de manera benevolente la vida, de fluir con ella, de que tenga para nosotros un sentido o sea un espacio-tiempo en el que conectar de manera significativa.

Vivir el instante presente estando presentes…

Estar en el aquí y ahora, más enfocados, sin tantas distracciones…

Sin tener que llenar el vacío de manera neurótica con actividades, evasiones, tareas o cumpliendo mandatos.

Porque la vida es aquello que sucede mientras estamos ocupados…

Aprovechar el tiempo se consigue desde la conexión con uno mismo, el habitarse por dentro y desde ahí conectar con el mundo, con la vida, dándole el valor que se merece al tiempo que se nos ha concedido.

Y creo que eso pasa por ser agradecidos con la Vida, asumirla como un regalo que se nos concede, igual que aquellos que nos acompañan en el camino, familia, amigos…

La Vida es un milagro. Y vivirla así es un regalo.

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Habrá que domar al animal de la mente del ego, ese que nos boicotea la felicidad desde dentro de nosotros mismos.

Como si fuera un niño travieso, hay que enseñarle a ser dócil con la Vida, desmontar todos sus absurdos argumentos, esos que nos producen tanta preocupación, malestar y nos hacen sufrir.

El miedo es libre, pero la mayor libertad sea seguramente el vivir sin miedo.

Y cuando llega una tempestad (crisis) a nuestra vida toca estar bien agarrados al mástil de nuestro Ser.

Entonces, aprovechar el tiempo es simplemente aprender a estar imperfectamente bien, a sentirnos imperfectamente plenos.

Y eso no es un derecho. Es algo que se gana en la crisis, en el sufrimiento, en la aceptación y la templanza resultantes de haber fracasado, haber perdido, haber sido derrotados y volver a levantarnos con total dignidad… una y otra vez.

Asumiendo, con esa docilidad del alumno aplicado que anhela aprender más, las experiencias atravesadas como lecciones de sabiduría.

Entonces nos queda una profunda sensación de estar aprovechando la vida y el tiempo que se nos concede.

Aprovechar el tiempo es básicamente aprender a Ser…

Feliz verano. Aprovéchalo independientemente de cuales sean tus planes o lo que hayas elegido hacer, o lo que te depare la vida.

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