Evocando a Francisco Giner de los Ríos

Después de más de cien años es necesario hablar de Francisco Giner de los Ríos.
Cuántas cosas que nos parecen tan contemporáneas en innovación educativa son revisiones y actualizaciones de los pioneros de la pedagogía de principios del siglo XX.
Es de justicia reivindicar la figura de Giner de los Ríos como un innovador educativo en una época de nuestra España tan atrasada.
Mientras muchos conocemos el legado de Montessori y aplicamos su método (sobre todo en Primaria) y el legado de John Dewey (Aprendizaje Basado en Proyectos), poco conocemos de La Institución Libre de Enseñanza, que fundó y dirigió el pionero Giner.

Por allí desfilaron cuatro de los ocho premios Nobel que tiene España: Ramón y Cajal, Severo Ochoa, Juan Ramón Jiménez y Vicente Aleixandre. El elenco de colaboradores del Boletín de la institución, el BILE, fue extraordinario: aparecen figuras de dimensión internacional, como Bertrand Russell, Henri Bergson, Charles Darwin, John Dewey, Miguel de Unamuno, María Montessori o León Tolstoi.

«Si veis en la escuela niños quietos, callados, que ni ríen ni alborotan, es que están muertos: enterradlos. Transformad esas antiguas aulas, suprimid el estrado y la cátedra del maestro. Construyamos escuelas en las que veamos, en torno al profesor, un círculo poco numeroso de escolares activos que piensan, que hablan, que disputan, que se mueven, que están vivos en suma, y cuya fantasía se ennoblece con la idea de una colaboración en la obra del maestro.»

La Institución Libre de Enseñanza (ILE) fue fundada en 1876 por un grupo de catedráticos, entre los que se encontraban Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate y Nicolás Salmerón, que fueron separados de la Universidad por defender la libertad de cátedra y negarse a ajustar sus enseñanzas a los dogmas oficiales en materia religiosa, política o moral. Por entonces más de la mitad de España era analfabeta.

Esto los obligó a proseguir su tarea educadora al margen de los centros universitarios del Estado, mediante la creación de un centro educativo privado cuyas primeras experiencias se orientaron hacia la enseñanza universitaria, y después a la educación primaria y secundaria.

En las aulas de la ILE no había libros de texto ni tampoco exámenes. Sí había, por contra, grandes ventanas con vistas al jardín y una obligación muy clara: construir un pensamiento crítico, individual y autónomo.


Gracias siempre, Maestro, por tu legado.

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